Es un día oscuro y aburrido. Falto de buenas noticias y razones. No tiene muchos futuros. Si hubiese alguno este seria el ideal para darse por vencido.
El problema es que el DNA no se deja.
Cuando se ha vivido rodeado de extrema pobreza y ridículos absurdos de riqueza, de excesos de poder y nepotismo, de injusticias y torturas, de todo lo artificial que convive con lo real, donde las cirugía estética va de la mano de la producción orgánica y otro millón de contradicciones; y donde a pesar de lo ridículo vergonzoso e imposible todavía queda fe. Es imposible darse a la desesperanza.
Es imposible darse a la desesperanza cuando se mira con ojos latinoamericanos, donde a pesar de la historia y sus constantes desgracias, las naturales y las provocadas quedan mensajes como este. Es entonces donde el continente de tantas décadas perdidas, sueños americanos, cruceros fascistas, racismos integrados, zamba, tango e indígenas demuestra su superioridad al viejo deprimido del otro lado del Atlántico.
En el mas joven de los continentes: la vida late. El continente viejo que de tanto mirarse al ombligo se ha cansado y a cuesta de no creer ya en nadie y de haber hecho suficientes estudios para saber como termina esto, se ha deprimido y poco a poco se suicida. No les queda mas por lo que luchar y le pierden la partida a las energías de este.
Cuando se ha visto la vida en colores y no en blanco y negro recontado por terceros entonces es casi imposible darse por vencido así sea por solidaridad o por vergüenza, por miedo o por rabia y hasta en un momento raro hasta por fe.
Decia Galeano que “Mala noticia para los ingenieros del horror: la máquina de la muerte produce vida. Cada piecita luce intacta y en su sitio, se han revisado y aceitado los engranajes, se han seguido al pie de la letra las instrucciones de los técnicos internacionales de mayor experiencia y prestigio. Sin embargo, ahí está aleteando, más viva que nunca, el alma humana. Hombres aislados, torturados, cotidianamente sometidos al tratamiento de la destrucción, responden creando. No tiene la voz rota ni apagado el corazón quien es capaz de decir: a veces llueve
y te quiero
a veces sale el sol
y te quiero
la cárcel es a veces
siempre te quiero”
Es toda una belleza de Eduardo Galeano que se llama La Canción de los Presos, y que tiene música para mis oídos.
“El tiempo de la infamia es también el tiempo de la solidaridad. Quien espera salir alguna vez, también espera haber aprendido
a desnudarse
y aceptar discretamente
que el abono fue
siempre será
doloroso
y nunca se está
en la vida jamás se está
de veras
solo.-”